"Though nothing will keep us together. We could steal time, just for one day. We can be heroes, for ever and ever. What d'you say?" – David Bowie.
Se cuentan historias de hombres valientes, que alzaban las espadas en honor a sus convicciones, que luchaban por lo que creían; algunos sorteaban mil aventuras de las que siempre salían airosos y bien librados. Otros buscaban el cambio, soñadores que todas las mañanas se despertaban esperando ver un mundo diferente; más justo y por supuesto libre. También estaban los que con el ejemplo y la resistencia lograban lo que buscaban, algunos que en lugar de armas y violencia, con ríos de tinta y complicados diagramas evocaban el cambio.
Miles de historias bellas son las que se cuentan: como la de Odiseo el rey aventurero, Aristóteles el príncipe de la Filosofía, Alejandro Magno el jamás vencido, Jesucristo el predicador, Galileo el científico, Emiliano Zapata el revolucionario, por citar algunos ejemplos.
Todos ellos llenos de valentía, comprometidos con una causa, alcanzaron la trascendencia; hombres adelantados a su tiempo, que por tener el sentido del deber bien desarrollado, muchas veces sus ideales se volvieron los epitafios de las tumbas en las que descansan. Los llamaron locos, enfermos, agitadores, insensatos, tontos soñadores, rebeldes y peligrosos. Yo lo llamo: héroes.
Murieron de manera espantosa y triste, envenenados como Sócrates, quemados como Bruno Giordano, lapidados como Hipatia de Alejandría, decapitados como Tomás Moro, fusilados como Hidalgo y Allende o enfermos como Cristóbal Colón. Pero como dirían los antiguos griegos, sólo el muerto puede ser considerado héroe. Y no justifico sus decesos, sólo argumento que fue el medio para volverlos eternos.
El tiempo da la pauta para la muerte de un hombre, ése es el triste destino que nos concierne a todos, pero podría ser la consolidación de un héroe. Es triste conmemorar la vida de un valiente muerto, pero es alentador recordar sus aventuras y luchas, siendo conscientes de su legado. No les digo que abracemos la muerte, sólo que tengamos coraje, si debemos morir por nuestras ideas, que sea así mil veces.
Siempre será tiempo de héroes, los que ya lo son, los que serán y los trabajan en ello. Y es que, ¿qué puede significar la muerte para aquel que inspira generaciones completas y que vive latente en las discusiones, los libros y las mentes?
Por eso elevo un cántico a aquellos hombres que pese a conocer lo fugaz de su existencia tras haber nadado en las frías profundidades de la condición ontológica de lo que fue, de lo que es y de lo que no será, continúan fijando la mirada más allá de las terrenales montañas y ciudades, con unos ojos perdidos en las estrellas, en las inmortales… Soñadores que imaginan un mundo diferente, utopistas con una esperanza inapagable, revolucionarios que no sé conforman con lo que ya existe, vanguardistas que siempre se reinventan, músicos que crean melodías y ritmos nuevos con los que inspiran, pensadores comprometidos sólo con la verdad y armados con la espada de la crítica, poetas siempre sensibles, curiosos y auténticos,los locos y enfermos que crearon sus propios mundos que nadie comprende y que sin embargo, son más justos y nobles que el nuestro, los nunca conformes, los siempre creativos, ésta canción es para ustedes
Hermanos de animus, de alma, de sangre y de sueños, ¡alisten sus espíritus, preparen sus mentes, su lanza será el amor y la esperanza! ¡Qué esto sea una oda para nosotros los creadores y entes de cambio! Una canción que regocije y anuncie a nuestro espíritu trascendente. ¡Superen y abandonen los pesados caparazones de los complejos y estereotipos!
¡Seamos hermosos por valientes, hermanos! Por caernos, pero más por levantarnos, por no darnos por vencidos, por ser honestos y considerados, diferentes pero propositivos.
Hoy nos comeremos al mundo, este día domaremos el futuro, lo hacemos por las próximas generaciones; por bien propio y común. Luchemos valerosos y que la muerte nos espere, amigos.
Seamos héroes y sólo así aspiraremos a ser inmortales en el presente de nuestros hijos.
domingo, 5 de agosto de 2012
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