¡Señorita! Disculpe la tardanza y la torpeza de mis palabras, te las regalo con infinito cariño.
En el frío atardecer de un mes de otoño, dos figuras caminan por el mundo, como lo hacen, harán e hicieron millones más; lo inefable de lo múltiple haciendo el proceso de volver a la unidad.
Unos ojos tristes que proyectan nostalgia, de algo perdido que viene y se va con la noche, pero nunca es propiedad, sólo un deseo de anhelar. Ha escuchado grandes verdades y las que ha vivido son aún más, sabe que el sol un día dejará de iluminar y aunque le asusta la penumbra no deja de soñar. Sus mejillas se han humedecido en remordimientos y penas, una y otra vez, pero eso no ha erosionado su piel, todo lo contrario, se ha vuelto más sensible cuando las semillas de alegría y otras emociones son sembradas con el devenir.
Yo, que respondo a la silueta de la otra figura, soy un ser sin muchas expectativas ni apegos, pocas cosas me entusiasman y tengo problemas con sonreír. La voz de mi garganta permanece mucho tiempo callada porque prefiere escuchar los debates del alma (que son eternos e irresolubles, pero se manejan con respeto y a veces hasta congruencia). Soy un ser que disfruta contemplar las estrellas y en una noche nublada he de confesar que vi una silueta que hizo que también el alma callara y lo único sensato que se me ocurrió hacer fue contemplarla mientras la noche duraba. Esa es la razón por la cual miro las estrellas, porque un día me cautivó una muy bella y todas las noches esperaba su encuentro… pero a diferencia de tu luna dialéctica, mi estrella no volvió más, sólo se dejó mirar tres veces y después regresó inmersa al misterio universal, el cual debido a mi condición terrenal, aún no puedo descifrar. Ha sido mucho el tiempo que he mirado al cielo tratando de desenmarañar su enigma y a veces me canso, lloro y grito pero al igual que tú, no dejo de esperar.
Dos siluetas caminando por el mundo, una con los ojos tristes y otra con la mirada en lo celeste, en una tarde fría de un otoño cualquiera, coincidieron.
Y yo, conocedor de los grandes tipos de estrellas, reconocí en ti algo de las luces del espacio. ¿Será que no te erosionaste porque guardas como herencia algún tipo de polvo estelar? Sabes que el sol un día se va a apagar… Pero no olvides que el recuerdo de aquellos días nunca se irá, porque el pasado es algo que ni el primer motor podría cambiar.
Dices que no estarás por siempre, yo te respondí que eras libre y que no esperaba algo más. Sólo te pido que un día vengas, ahora que he bajado la mirada, pues en tus ojos inmensos he encontrado vestigios de lo estelar y lo creas o no (estás en tu derecho a refutar), creo que hay seres que pueden transmutar y no es casualidad que tu misterio me hiciera voltear a mirar.
Te invito a ver las estrellas, déjame comparar y analizar si eres una de ellas.
Me dijiste que no estarás por siempre pero el conocimiento de saber que en nuestro mundo terreo también hay cosas que pueden brillar me entusiasma y eleva mis expectativas.
Se mi estrella de la suerte y permite que sea el primer humano consciente que toca una de ellas. Déjame darte un abrazo y conmemorar tu llegada a la tierra o como aquí acostumbramos decir, festejar tu cumpleaños.
Gracias por tu existencia, luz y la benevolencia al dejarte encontrar.
En el atardecer y el frío de un mes de otoño, dos figuras caminan por el mundo, una responde al nombre de iluso y la otra… la otra es muy posible que sea una estrella, a la cual espero estrechar muy pronto.
martes, 10 de abril de 2012
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:') awwww ahora comprendo porque tardó tanto, casi chillo n.n bi bi bi, GRACIAS! es un hermosisimo regalo :DDDDD valió la pena la espera.
ResponderEliminaratte: Mch