Gritaba el Tano Pasman en un vídeo que se hizo viral cuando River Plate descendió “¡la culpa es de mi viejo que me hizo hincha del River!”, como él, mi afición también fue heredada, recibí de regalos playeras azules, balones con el escudo y fines de semana viendo partidos que en aquella época se me hacían larguísimos y pesados… Lo cierto es que a mi padre puedo culparlo por la afición, pero él no es el responsable de esta ferviente pasión.
El hombre, mi ídolo de toda la vida, el grandote de Cerro Azul fue el parteaguas. Yo era un niño de apenas 6 años viendo la final del Torneo Invierno 97, curiosamente el equipo llevaba 17 años sin ser campeón, la escena se convirtió en un mito digno de Homero: en la última jugada del partido, el portero Ángel Comizzo patea en la cara a nuestro delantero Carlos Hermosillo, se marca penal, él con la sangre escurriendo, se levanta, toma la pelota y en un acto de gallardía se dispone a cobrar, ¡imaginen la escena en la cabeza de un niño! Había incertidumbre, incredulidad, desconfianza y temor en el ambiente, pero el jugador con el número 27 rompió nuestras gargantas con el grito de gol, la epopeya se había concretado: Carlos Hermosillo anotó y le entregó la estrella número ocho al Cruz Azul… Y en tal proceso yo me había enamorado, no había vuelta atrás.
Pero como en toda fiesta increíble la resaca siempre es consecuencia, es lo justo, en esta vida uno no se la puede pasar gozando, se tiene que sufrir, porque cierta dosis de placer implica después la misma de dolor, eso con los años me quedó más que claro.
La resaca (o “la maldición” para otros) comenzó con el singular gol anotado por el argentino Alejandro Glaría en el último minuto de la final de 1999 contra Pachuca. Después perdimos el título de la Copa Libertadores contra Boca Juniors, aunque fuimos el primer equipo mexicano en llegar a una final continental y a la fecha aún ninguna escuadra azteca gana dicho torneo.
Después siguió la final perdida contra Santos, luego la de Toluca en 2008 (a mí sentir la más dolorosa), también perdimos un título contra Monterrey en el 2009 y finalmente la más conocida en la que perdimos en el último minuto contra nuestro acérrimo rival, América, en penales después de ir ganando; además en todo este lapso también perdimos dos finales de Concachampions: contra Atlante en el 2009 y Pachuca en el 2010. Cruz Azul se ganó a pulso los apodos de “subcampeón” y “frustrazul”, hasta se inventó un nuevo verbo que consiste en perder en el último momento aunque tengas todo a favor, “la cruzazuleaste, cabrón”.
¿Por qué tantas derrotas? Las respuestas son tantas: malos manejos de la directiva, pésima planeación, promotores avariciosos, contrataciones infructuosas, abandono de la cantera, aburguesamiento de los jugadores, decisiones erradas, el peso del pasado, tal vez hasta una psicología derrotista… Pero, ¿cómo le explica uno al corazón eso?
¿Por qué le vas al Cruz Azul? Porque para mí es un gigante dormido, que se ha caído pero que cada torneo sueña con levantarse, “éste es el bueno”. Porque en el corazón no se manda, uno no decide nunca de quién enamorarse, simplemente pasa y obviamente no todo es color de rosa, si el amor es verdadero se llora, se sufre y se lucha, si todo fuera fácil, ¿qué caso tendría? Qué aburrido sería ser aficionado de un equipo que es campeón cada año…
¡Cuidado! No es masoquismo, yo a mi equipo, como escuadra grande, le exijo, le grito y crítico, lo cierto es que nunca lo abandono, porque no está en mi personalidad ni mis convicciones el dar la espalda cuando las cosas se ponen duras, es en los momentos más espinosos cuando se muestra de que se está hecho, más que gozar perdiendo es darle sentido al dolor: he derramado lágrimas, se me ha roto el corazón y he sido la burla de todos pero por una razón: porque sé que un día Cruz Azul se va a levantar, ¿y se imaginan? Después de tantos años difíciles lo glorioso que sabrá volver a ser campeón, porque sólo el que ha sufrido sabrá disfrutar. Sé que un día nos vamos a levantar porque de niño vi a Hermosillo tirado, sangrando y frente a todas las adversidades se paró y nos llenó de gloria.
Tal vez la razón de esta resaca es para depurarse de los malos aficionados, de esos que no tienen fe y abandonan, porque para irle a La máquina celeste necesitas ser valiente, fuerte, noble, humilde, entregado y tener confianza. Nuestro equipo no es ninguna moda, se ha forjado entre lágrimas y esfuerzos, si eres de los que abandonan algo porque se ha puesto complicado y no tienes carácter para enfrentar la adversidad, busca entre los otros 17 equipos de la liga, porque Cruz Azul no es para ti.
¿Por qué le voy a Cruz Azul? Tal vez la respuesta se resume a que en el fondo me recuerda muchísimo a mí y es una lección de vida, porque nada de lo que vale la pena es fácil, debes caerte si quieres algún día poder volar, vas a llorar sangre si quieres merecer, te debes esforzar siempre, no te puedes rendir si quieres gozar y lo más importante: debes creer siempre en ti aunque nadie dé un peso por ti.
Dice Quique Wolff: “¿cómo vas a saber lo que es el amor si nunca te hiciste hincha de un club?” Para mí el fútbol es lo más parecido a la vida y el Cruz Azul es lo más parecido al amor... Y en la vida, como en el amor, nunca se renuncia.


Muy emotivo mi amigo, hiciste vibrar mi corazon azul.. felicidades.
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